domingo, 19 de mayo de 2013

Yo publico, Yo patento, Yo robot

>>>>Opinión

Mucha tinta electrónica se ha vertido en la web y redes sociales sobre los recortes en I+D y el desastre que ello supone para la ciencia. Nuestros actuales responsables políticos claramente han alcanzado su nivel de incompetencia convirtiéndose en inversos de Peter o autómatas profesionales, importándoles más los medios que los fines. Ellos disimulan en su discurso diciendo que ahora van a orientar la investigación hacia la industria y que por eso estamos en el prestigioso, y muy a nuestra deshonra, Ministerio de Economía y Competitividad. Por supuesto, nuestros sabios de la ciencia básica están que trinan porque muchos de los escasos fondos se dedicarán a la "ciencia aplicada", que se debe de encargar de investigar pero también de desarrollar patentes y tecnología que sean "apetecibles" a nuestras precarias empresas. Como en este caso no ha funcionado el "divide y vencerás" (¿o sí?) ahí nos vemos científicos grandes, medianos y pequeños, excelentes y del montón obligados o exprimirnos el seso con pocos recursos por el bien del país (o por el bien de las empresas que les pueda interesar lo que hacemos). Pero ¿cómo surge una patente de aplicación industrial?

Algún iluminado gestor de la ciencia pensará que como a  miles de científicos nos pagan por pensar pues ahora que piensen en patentes en lugar (o además) de publicar y problema solucionado. O sea que el problema es que no tenemos los pies en el suelo y no somos capaces de transformar en tecnología lo que publicamos en nuestras prestigiosas revistas......(voy a esperar unos segundos a que reflexionéis sobre esto...........) ¿Ya? Pues es cierto. Pero ya convertida en un clásico de estos debates "no hay mayor mentira que las medias verdades". Las patentes en manos de organismos de investigación pública y universidades no parten en la mayoría de los casos de "ideas felices" desarrolladas ad hoc para patentar algo. Este planteamiento es típicamente empresarial y son estas empresas que creen en la I+D (pocas) las que invierten SU dinero (no dinero público) en patentar. El sistema público no tiene ánimo de lucro, lo que pasa es que como consecuencia del desarrollo de nuestras investigaciones es posible que se presente una idea o la necesidad de patentar algo no sólo para aplicarlo a la industria sino para proteger resultados de investigación obtenidos con dinero público. Por tanto las patentes (todavía pocas) que se obtienen en los organismos públicos tienen poca transferencia al sector empresarial porque no surgen de demandas del sector ni es objetivo del sistema público de I+D estar al servicio de dicho sector (¿o es que es esa la intención?). Más bien es al revés. Un sistema de investigación sano y robusto como un árbol monumental, genera conocimiento parte del cual se puede transformar en patente, pero no debería ser la patente el objeto de nuestras investigaciones porque NO SOMOS EMPRESAS!!!

Como ejemplo voy a relatar mi experiencia con mi única y modesta patente denominada "Sistema y procedimiento de medida de la tasa máxima de calor emitida por un frente dinámico de fuego" cuya invención comparto con mis compañeras de viaje en el mundo de la "ciencia aplicada", en este caso al sector forestal. La idea provino de una serie de ensayos de inflamabilidad de combustibles forestales y de comportamiento del fuego que desarrollamos en el contexto de un proyecto europeo. En ninguna de las fases del proyecto estaba contemplada la búsqueda de esta patente y en realidad sus posibles aplicaciones poco tienen que ver con los objetivos del mismo. Entonces ¿cómo es posible si no es tu objetivo y no piensas en ello a priori? Pues porque NO SOMOS EMPRESAS!! Sencillamente porque el planteamiento es otro. Para obtener el calor emitido por un frente dinámico de fuego procedente de una capa de hojarasca en un dispositivo denominado "túnel de combustión" y comparar los resultados con otros ensayos a menor escala tuvimos que pensar en una solución sencilla y económica. Por tanto, pensar no tenía un objetivo empresarial, sino el de resolver un problema científico utilizando una técnica lo más barata posible. Es mucho después cuando, sentado tranquilamente en tu puesto de trabajo, te das cuenta de que "¡Anda! pues esto le puede interesar a alguna empresa que quiera ensayar materiales altamente inflamables" y te pones a revisar  con tu OTRI (Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación) si hay algo parecido para poder patentar y proteger la propiedad intelectual de dicha idea.


Ensayo de inflamabilidad en el túnel de combustión del INIA y esquema del procedimiento patentado para obtener la tasa  máxima calor (HRR) emitida por un frente dinámico de fuego ayudándose de un obstáculo cilíndrico (1) y una termopila (2) colocada a sotavento de la dirección de avance del frente

Como decía el genio "la inspiración sólo te llega trabajando" y si queremos un país con organismos públicos que investiguen y generen patentes empresariales debemos dejar que trabajen, que investiguen que es lo que sabemos hacer. Con esto no estoy diciendo que el sistema público no deba promover el desarrollo de patentes y la colaboración con empresas pero considero que no puede ser el ÚNICO objetivo de la ciencia, ni siquiera el objetivo PRIORITARIO, ya que las patentes en el sistema público son consecuencia de la I+D. A su vez la colaboración público-privada de la que tanto se les llena la boca a nuestros políticos y que tanto promueven a través de convocatorias es necesaria, imprescindible, pero no podemos tener la tentación de basarnos en esta fórmula para financiar la investigación pública, ya que corremos el riesgo a medio y largo plazo de estar al servicio de las empresas a precios de "ganga". Sí, precios de "saldillo". Porque cuando a una empresa no le interesa invertir en I+D propio sino que prefiere firmar contratos con la I+D pública que no os quepa ninguna duda que es porque le sale más barato que hacerlo ellos mismos y encima obtienen unos grados de calidad difícilmente alcanzables a corto plazo en su propia empresa. Sin meternos en el coste de los equipos de los centro públicos, simplemente si tuviéramos que valorar DE VERDAD cuánto vale la hora de trabajo de un investigador o profesor universitario con los mismo criterios que se hace en la empresa privada no se firma ni un contrato I+D con empresas en este país. Por tanto les pido a nuestros gestores de la ciencia que, por favor, no tengan la perversa tentación de que al recortar la inversión pública I+D puedan tener la escusa de "privatizarla", esto es, ponerla exclusivamente al servicio del sector privado. No confundan medios con fines, no sean inversos de Peter, porque aún en el mejor de los casos en el que algunos de ustedes lo estén haciendo con buena voluntad, por el bien de la Ciencia en España y para que se haga transferencia de investigación, no debemos transferir el sistema en sí mismo, fruto de una inversión pública y del esfuerzo de miles de personas (investigadores, tecnólogos, y personal de apoyo). Ya es suficiente drama que exista una "fuga de cerebros" para que ahora se eleve a una "fuga de conocimiento sistemático" hacia el sector privado. Y nuestra única defensa para ser independientes, investigar sin presión y con ello generar ciencia y, por qué no, patentes de aplicación industrial, es seguir siendo organismos públicos, sin ánimo de lucro y con una financiación pública. Ya nos habían enseñado a ser autómatas de las publicaciones. Ahora no nos pueden condenar a ser robots de las patentes.


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1 comentario:

  1. El presupuesto destinado en I+D no se debería de tocar más que para aumentar la inversión.

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