lunes, 30 de marzo de 2015

"No me seas alcornoque: el tamaño sí importa"

La resistencia al fuego de los árboles depende en gran medida del espesor de su corteza, puesto que bajo ella se encuentran los tejidos vivos que le permiten transportar la savia a lo largo del tronco. Por tanto cuanto mayor sea el espesor de corteza, más tiempo tardará el calor en afectar a dichos tejidos porque...el tamaño en biología SÍ importa y mucho. De entre los árboles mediterráneos, el alcornoque (Quercus suber) es una especie muy valorada precisamente por la explotación de su corteza, el corcho, utilizada en múltiples usos industriales entre los que se encuentra el más conocido: el tapón de vino. Los alcornoques poseen importantes adaptaciones al fuego que hace que sobrevivan a gran parte de los incendios. Las adaptaciones que tienen que ver con la resistencia de la corteza son: (1) grosor (2) estructura peculiar y diferente que es especialmente aislante ante el estrés térmico y la conducción de altas temperaturas. ¿Qué implicaciones tienen estas adaptaciones al fuego para la gestión de los alcornocales en un contexto de cambio climático?


En el sector corchero al grosor o espesor del corcho se le llama "calibre" y es una característica muy importante porque de él depende en gran medida su potencial aprovechamiento para la fabricación de tapones. En la mayoría de los bosques donde se aprovecha el corcho el turno de descorche o tiempo necesario entre dos descorches consecutivos de un alcornoque, varía entre 9 y 14 años según las zonas y países, tiempo necesario para que el calibre del corcho sea suficiente para ser aprovechado con destino en la industria taponera.

Descorche del alcornoque (Fuente Wikipedia)

Por tanto el alcornoque tiene entre 9 y 14 años para renovar su corteza que es extraída regularmente durante unos 150 años ¿es previsible que durante ese período exista algún incendio forestal? Hasta no hace demasiado tiempo los incendios forestales han sido poco frecuentes en los alcornocales puesto que en general se distribuyen en bosques huecos (dehesas y montados) o en bosques densos con cierto grado de explotación que impedían la acumulación excesiva de combustibles bajo las copas. En cualquier caso solían ser incendios pequeños o medianos, con escasos episodios extremos que pudieran generar daños excesivos al arbolado. Estos prejuicios cambiaron radicalmente tras el gran incendio forestal de Huelva y Sevilla del año 2004 donde ardieron más de 30.000 ha, muchas de ellas de alcornocal. Según datos de la propia Junta de Andalucía sobre la restauración efectuada se apearon aproximadamente 5500 ha de quercíneas, entre las que lógicamente estaban los alcornocales, lo que hizo disminuir la producción de corcho a la cuarta parte en la zona, dejando a muchos paisanos sin trabajo y sin los jornales de los que dependen en la mayoría de estas áreas rurales.

Vista del incendio de Huelva y Sevilla de 2004 (Fuente El País)

Sesenta grados centígrados. Efectivamente, 60ºC es la temperatura letal de los tejidos vivos. Ese el reto de las cortezas en general y del corcho en particular: evitar que los tejidos vivos alcancen los 60ºC y terminen muriendo o seriamente dañados por efecto de la llama y el calor de conducción. Como no podemos colocar sensores en la corteza de un árbol esperando a que ocurra un incendio, los estudios que se han llevado a cabo para evaluar la resistencia al fuego del corcho suelen ser "a posteriori", esto es, analizando lo que ha pasado después del incendio. Se visitan los árboles, se observan los signos de la severidad causada por el fuego en la corteza (altura de chamuscado, profundidad de chamuscado, consumo de corteza) y los signos de vitalidad del árbol a corto, medio y largo plazo, evaluando con ello la probabilidad de mortalidad e intentando relacionarla, en su caso, con los daños a los tejidos vivos del tronco. Para estudios de mayor detalle habría que acudir al seguimiento de temperaturas durante quemas experimentales o ensayos de laboratorio. El enfoque que solemos dar a la mayoría de los ensayos de laboratorio es más aplicado que teórico, esto es, intentamos diseñar los ensayos para acercarnos lo más posible a simular la realidad aun a costa de perder precisión en algunos casos. Ha sido muy satisfactorio comprobar que los resultados obtenidos coinciden en gran medida con las observaciones de campo: el alcornoque necesita tener un calibre de al menos 3 cm para asumir con cierta garantía que no se verán afectados los tejidos vivos. En estudios de campo llevados a cabo tras incendios forestales también se ha sugerido que un espesor de corteza de al menos 3 cm estaba significativamente relacionado con la supervivencia de los árboles.

Muestra de corteza de alcornoque de menos de 3 cm ensayada en laboratorio
Muestra de corteza de alcornoque de 4 cm ensayada en laboratorio

Y aquí está el meollo del asunto: ¿cuando alcanzan los alcornoques 3 cm de calibre? Lo cierto es que en la mayoría de los alcornocales el calibre de descorche a final del turno suele rondar ese espesor, por tanto ¡los alcornocales sólo están protegidos frente al fuego de cierta severidad cada 9-14 años! ¡Y durante el breve período de 1-3 años antes del descorche! A partir del cual vuelve otra vez a tener un ciclo de alto peligro potencial de daños al arbolado. Muchos manuales de selvicultura advierten de la vulnerabilidad de los alcornocales al fuego el año del descorche y quizás el año posterior al descorche, al dejar al árbol sin protección, pero no se suele advertir que esta vulnerabilidad podría extenderse a lo largo del turno. Hace unos años se realizaban otros aprovechamientos (carboneo, leñas) que aumentaban el tránsito y los desbroces bajo los alcornocales y se realizaban los clásicos "ruedos" en torno a los árboles para facilitar el acceso a los corcheros. En la actualidad, en los bosques densos es precisamente en ese período cuando menos desbroces se realizan, debido a que los corcheros no tienen que entrar a trabajar, concentrando estas labores exclusivamente en el año del descorche. En las dehesas en explotación no suelen existir estos problemas, sin embargo existen cada vez más dehesas con baja carga ganadera donde prolifera el matorral o la presencia de pastos altos que se secan en verano con  el consiguiente aumento de su combustibilidad y por tanto su capacidad de afectar al arbolado. Por tanto muchas masas se encuentran con alta carga de combustible bajo copas, con matorral o herbáceas densas y secas muy cerca de los individuos y con cortezas que aún no garantizan la protección de los tejidos vivos. No todo es negativo. La estructura del corcho y su excepcional capacidad de resistencia al fuego hacen que sea eficaz incluso con calibres reducidos. Pero los ensayos de laboratorio efectuados y las evidencias de campo mostrarían su eficacia a incendios de baja severidad, pero no así a episodios de altas intensidades o tiempos de residencia de llama largos en el entorno de los árboles.

Alcornocal afectado por fuego de baja severidad
Estos resultados avalarían de nuevo la necesidad de ser proactivos, de adelantarse a los acontecimientos, porque la prevención es la mejor herramienta para la restauración de las masas afectadas por el fuego, máxime en aquellas especies con adaptaciones muy eficaces. La protección de los alcornocales ante el fuego y la forma de garantizar su recuperación posterior sería evitar episodios de alta severidad a lo largo del turno, especialmente entre el año siguiente y los 2-3 años años antes del descorche, momento en el cual la mayoría de los alcornoques ya estarían razonablemente protegidos (digo "razonablemente" porque no hay protección ante episodios extremos de comportamiento del fuego). Por otro lado parece recomendable mantener en bosques densos el tratamiento tradicional del desbroce a hecho o, al menos, el desbroce de los "ruedos" o  en torno a los ejemplares a descorchar, ya que garantizaría una disminución significativa de la intensidad de la llama que afecta directamente a la corteza. La ignición de la "raspa" o capa exterior del corcho tiene importantes consecuencia en la inflamabilidad del corcho que comentaremos en entradas posteriores. Por tanto la reducción del tiempo de residencia de la llama en torno a los árboles evitaría en gran medida la transmisión de calor, la ignición de la raspa y la combustión del corcho que de forma lenta podría provocar la muerte de los tejidos vivos en el interior del tronco e incluso su consumo total en fase de rescoldo,

Alcornoque consumido tras el paso de un incendio
Desbroce por "Ruedos" en torno a los alcornoques (fuente: Junta de Andalucía)

Los resultados científicos ratifican la necesidad de una explotación sostenible del alcornocal que debe incluir TODOS sus tratamientos intermedios tal y como recomiendan los manuales de selvicultura, haciendo especial hincapié en los desbroces para disminuir el riesgo y peligro de incendios. El abandono o la ausencia de gestión de estos montes los hace muy vulnerables a incendios y su persistencia podría depender de ello. Teniendo en cuenta la importancia económica de estos montes en muchas de nuestras comarcas forestales, esto se hace aún más necesario ante la perspectiva del cambio climático y la mayor frecuencia de incendios de alta severidad.


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