martes, 23 de agosto de 2016

Lo forestal en El Quijote II: humor, tecnología y madera

En mi serie de entradas sobre Lo forestal en El Quijote quería traeros algunos fragmentos muy divertidos del capítulo XX donde se cita una invención que aún perdura hasta nuestros días en algunos pueblos como reliquia etnográfica: los mazos de batán. Confieso que no tenía ni idea de qué eran estos artilugios y he tenido que buscar información para ponerme al día. Lo resalto en esta entrada por su doble vertiente en el contexto de este blog: el gran interés que Cervantes tenía por la ciencia de la época y el hecho que sea un aparato hecho de madera.

Mazo de batán (Fuente wikipedia)

Capítulo XX. De la jamás vista ni oída aventura que con más poco peligro fue acabada de famoso caballero en el mundo, como la acabó el valeroso D. Quijote de la Mancha

"(...) Alegróles el ruido en gran manera, y parándose a escuchar hacia que parte sonaba, oyeron a deshora otro estruendo que les aguó el contento del agua, especialmente a Sancho que naturalmente era medroso y de poco ánimo: digo que oyeron que daban unos golpes a compás, con un cierto crujir de hierros y cadenas, que acompañados del furioso estruendo del agua, pusieron pavor a cualquier otro corazón que no fuera el de Don Quijote. Era la noche, como se ha dicho, oscura, y ellos acertaron a estar entre unos árboles altos, cuyas hojas, movidas del blando viento, hacían un temeroso y manso ruido; de manera que la soledad, el sitio, la oscuridad, el ruido de la agua con susurro de las hojas, todo causaba horror y espanto, y más cuando vieron que ni los golpes cesaban, ni el viento dormía, ni la mañana llegaba, añadiéndose a todo esto el ignorar el lugar donde se hallaban (...) En esto parece ser, o que el frío de la mañana que ya venía, o que Sancho hubiese cenado algunas cosas lenitivas, o que fuese una cosa natural (que es lo que más se debe creer) a él le vino en voluntad y deseo de hacer lo que otro no podía hacer por él; mas era tanto el miedo que había entrado en su corazón, que no osaba apartarse un negro de uña de su amo; pues pensar de no hacer lo que tenía gana, tampoco era posible, y así lo que hizo por bien de paz fue soltar la mano derecha, que tenía asida al arzón trasero, con lo cual bonitamente y sin rumor alguno se soltó la lazada corrediza con que los calzones se sostenían sin ayuda de otra alguna, y en quitándosela dieron luego abajo, y se le quedaron como grillos. Tras esto alzó la camisa lo mejor que pudo, y echó al aire entrambas posaderas, que no eran muy pequeñas. Hecho esto (que él pensó que era lo más que tenía que hacer para salir de aquel terible aprieto y angustia) le sobrevino otra mayor, que fue que le pareció, que no podía mudarse sin hacer estrépito y ruido, y comenzó a apretar los dientes y a encoger los hombros, recogiendo en sí el aliento todo cuanto podía; pero con todas estas diligencias fué tan desdichado, que al cabo vino a hacer un poco de ruido, bien diferente de aquel que a él le ponía tanto miedo. Oyólo Don Quijote, y dijo: ¿Qué rumor es ése, Sancho? No sé, señor, respondió él. Alguna cosa nueva debe ser, que las aventuras y desventuras nunca comienzan por poco. Tornó otra vez a probar ventura, y sucedióle tan bien, que sin más ruido y alboroto que el pasado, se halló libre de la carga que tanta pesadumbre le había dado; mas como Don Quijote tenía el sentido del olfato tan vivo como el de los oídos, y Sancho estaba tan junto y cosido con él, que casi por línea recta subían los vapores hacia arriba, no se pudo excusar de que algunos no se llegasen a sus narices, y apenas hubieron llegado, cuando él fue al socorro apretándolas entre los dos dedos, y con tono algo gangoso, dijo: Paréceme, Sancho, que tienes mucho miedo. Sí tengo, respondió Sancho: ¿mas en que lo echa de ver vuestra merced ahora más que nunca? En que ahora más que nunca hueles, y no a ámbar, respondió Don Quijote. y habiendo andado una buena pieza por entre aquellos castaños y árboles sombríos, dieron en un pradillo que al pie de unas altas peñas se hacía, de las cuales se precipitaba un grandísimo golpe de agua (...) Al pie de las peñas estaban unas casas mal hechas, que más parecían ruinas de edificios que casas, de entre las cuales advirtieron que salía el ruido y estruendo de aquel golpear, que aún no cesaba. Alborotóse Rocinante con el estruendo del agua y de los golpes, y sosegándole Don Quijote, se fue llegándole poco a poco a las casas; encomendóse de todo corazón a su señora, suplicándole que en aquella temerosa jornada y empresa le favoreciese, y de camino se encomendaba también a Dios que no le olvidase. No se le quitaba Sancho del lado, el cual alargaba cuanto podía el cuello y la vista por entre las piernas de Rocinante, por ver si vería ya lo que tan suspenso y medroso le tenía. Otros cien pasos serían los que anduvieron, cuando al doblar de una punta pareció descubierta y patente la misma causa, sin que pudiese ser otra, de aquel horrísono y para ellos espantable ruido, que tan suspensos y medrosos toda la noche les había tenido; y eran (si no lo has, ¡oh lector! por pesadumbre y enojo) seis mazos de batán que con sus alternativos golpes aquel estruendo formaban. Cuando Don Quijote vió lo que era, enmudeció y pasmóse de arriba abajo. Miróle Sancho, y vió que tenía la cabeza inclinada sobre el pecho con muestras de estar corrido. Miró también Don Quijote a Sancho, y vióle que tenía los carrillos hinchados, y la boca llena de risa, con evidentes señales de querer reventar con ella, y no pudo su melancolía tanto con él, que a la vista de Sancho pudiese dejar de reirse, y como vió Sancho que su amo había comenzado, soltó la presa de manera que tuvo necesidad de apretarse las hijadas con los puños por no reventar riendo (...)"

Fuente

Como veis, Cervantes combina en este capítulo el humor escatológíco y usa los miedos infundados de ambos protagonistas como escusa para un encuentro con los ruidosos mazos de batán. Pero ¿qué es un batán? Este ingenio que se data en el siglo XII es una máquina hidráulica que se usaba para "abatanar" las mantas de lana, esto es, se golpeaba las mantas para conseguir un tejido más tupido y consistente. Por tanto las hilanderas hacían largas mantas de 3-4 m en los telares conociendo que iban a reducir su longitud a la mitad o incluso menos, según lo apretado que quisiera el cliente el tejido. El proceso podía durar entre 1-2 días y necesitaba la supervisión del batanero que generalmente vivía en las misma edificaciones anexas a estas instalaciones "industriales" de la época. En este enlace tenéis una reconstrucción virtual de su funcionamiento. Lo más interesante desde el punto de vista forestal es que estaban hechos completamente de madera. Los batanes del norte de España que aún se conservan son de madera de roble pero ¿de qué madera estarían hechos los batanes de este capítulo del Quijote?


Según la reconstrucción de los viajes del Caballero de la Triste Figura, hay ciertas discrepancias sobre los parajes que se describen en el Quijote y sobre las hipótesis de los caminos que siguió a lo largo de sus aventuras. No obstante parece bastante probable que los parajes que se describen en este capítulo, Cervantes los situara en las cercanías de la Sierra de Alcaraz, cerca del límite actual de las provincias de Ciudad Real y Albacete. Hay citas de molinos en general y de batanes en particular en esa zona. De hecho hay parajes con ese nombre en honor al desarrollo de esta actividad desde la Edad Media (microrreserva de La Molata y Los Batanes). Por especular y suponiendo que esto sea así, los robles más cercanos para construir los ruidosos batanes estarían en zonas más ácidas de Sierra Morena (roble melojo o rebollo) ya que en estas sierras de litologías básicas no es previsible que hubiese robles. Pero si los constructores no quisieron irse muy lejos no deberíamos descartar que pudieran hacerlos de madera de encina, quejigo o incluso de maderas más imputrescibles como la sabina. Tampoco es raro que usaran el avellano o el castaño, árboles probablemente más abundantes en la época como especies acompañantes, tal como cita el propio Cervantes en el capítulo. Repito que esto forma parte de la especulación y que no me baso en ningún dato objetivo sino en las especies que pudiera haber en la zona en aquella época. Invito a los lectores cultivados en estos temas a que aporten su sabiduría. La construcción con madera ha formado parte de nuestra cultura, estamos a tiempo de reconciliarnos con ella. Nuestros montes y las personas que viven de sus recursos nos lo agradecerán o seguiremos siendo Quijotes luchando con molinos, molinos con forma de incendios forestales.

Salto de agua en La Molata y los Batanes (Sierra de Alcaraz) Fuente

El Quijote y Sancho también se pudieron cruzar con endemismos en su camino a los mazos de batán...pero para ellos eran yerbajos. El género Pingüicula es una de nuestras plantas carnívoras endémica de las Sierras Béticas
(Fuente Wikipedia)


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